Películas para llevarse a una isla desierta

Filed under: retratos y otras curiosidades on Wednesday, November 5th, 2008 by hildy | No Comments

Me costaría.

Si me dijeran que sería las única que vería durante muchos años.

Me dejan llevarme diez.

Tiemblo.

Quizá una mezcla de Historias de Filadelfia con unas gotas de La ley del silencio, un baile de west side story, un beso a lo Casablanca con un replicante rubio que llora en Blade Runner…, quizá, tiernamente, una mirada del Sueco y aderezado con la mirada triste de un Charlot al que le ofrecen una violeta. Después, cantaría todo te lo puedo dar menos el amor acompañada de un leopardo y dudo entre una lágrima del Paul Buscavidas o una risa de Dona Reed que atrapa con un lazo a la luna.

Mañana, seguro, mi elección sería distinta.

Eso es lo que siento hoy.

Apache (Apache, 1954) de Robert Aldrich

Filed under: el viejo baúl de películas on Monday, November 3rd, 2008 by hildy | No Comments

El género western siempre presentó al séptimo de caballería, a los cowboys, a los pobres colonos como los buenos, los que luchaban por la conquista del Oeste. De lejos, veíamos a los indios, los malos. Los que complicaban la vida ya de por sí dura de ganaderos y agricultores y, de paso, se la complicaban también al séptimo de caballería.

Siempre, en las películas, aparecían los indios como grupo. Indios salvajes que cortaban cabelleras, violaban a las mujeres, quemaban las casas y asustaban al personal. Nunca una manipulación histórica llegó a instalarse tan fuertemente en el ideario colectivo. Reconozco que disfruto con los buenos western pero también sé lo que estoy viendo. Un simplicaficación de la historia, un ocultamiento de la verdadera conquista del Oeste, un ejercicio de racismo latente. ¿Recordais en La diligencia, toda una joya, cómo los indios sólo aparecen como amenaza y para que los buenos los maten y veamos cómo caen de sus caballos?

Siempre que hablo de películas del Oeste, me acuerdo cuando las veía de pequeña con mi hermana. Las dos nos lo pasábamos fenomenal pero mi hermana siempre me decía que a ella lo que más le gustaba y quien mejor le caían eran los indios. Mi hermana que siempre fue y es muy inteligente, y en esa verdad velada que veíamos con ojos de aventura, ella siempre veía a todo un pueblo, a unos individuos que le caían bien, que le gustaban. Siempre le sentaba fatal que los atacaran o les mataran tan fácilmente. Siempre se enamoraba del indio jefe que aparecía como el malo de la película. Y sentía su muerte.

Sin embargo, durante los años 50 algo cambió, y algunos cineastas empezaron a dar otra mirada a los indios. Trataron de presentar películas en las que ya había indios con un rostro, un nombre, una cara, una familia, unos sentimientos y empezaron a mostrar que los blancos o el séptimo de caballería o algún cowboy o colono ya no era tan bueno. Que se conducían con violencia. Que atacaban. Que quemaban poblados, que violaban o mataban a mujeres y niños… Y que, quizá, los indios luchaban por una tierra, por algo que les arrebataban. Que los indios sufrían el exterminio y la humillación de las reservas…, en fin, empezaron a contar de otra manera la historia. La triste historia de los pueblos indios que no sobrevivieron a la conquista del Oeste.

Fueron tres los western que empezaron a abrir la veda y que tuvieron éxito en el género. Dos en los años 50 y la película que nos ocupa en 1954. Flecha rota, La puerta del diablo y Apache. Fueron pasos tímidos pero seguros. Ni Aldrich, Daves ni Mann dieron el paso más importante: que su protagonista indio o india fuera realmente indio o india. Los tres escogieron actores y actrices norteamericanos para dar un rostro al pueblo indio. Por ahí estaban, con piel morena, Jeff Chandler, Debra Paget, Robert Taylor…

Y en Apache mi adorado Burt Lancaster (con un peinado hecho por el peluquero de Javier Bardem en No es país para viejos) y Jean Peters se convierten en Massai y Nalinle. Dos indios que rechazan la humillación a que quiere someterlos el hombre blanco. Que luchan por su pedazo de tierra, por sobrevivir con la cabeza bien alta. Sin reservas, sin ser tratados como inferiores, sin perder su orgullo. El orgullo de ser apache, indio. El orgullo de ser hombres y mujeres libres.

Una vez que te crees a Burt, a pesar de sus azulísimos ojos y el betún indisimulado, y los rasgos de la Peters, entonces Apache interesa y conmueve. Porque trata de acercarse bastante a lo que pudo ser verdad. A cómo iban venciendo a los indios, a cómo los retiraban en reservas, a cómo les quitaban la libertad, la tierra, al racismo latente…, y cómo algunos de ellos sucumbían no sólo ante nuevas enfermedades sino al alcohol y a la tristeza. Y de ahí surge Massai, el que aunque solo, se niega a agachar la cabeza y perder la libertad. Y al lado de la mujer que ama —aunque bien que la cuesta a la Peters—. Y Massai de guerrero enfurecido por el odio, se vuelve un hombre que quiere ir con la cabeza bien alta y que le dejen vivir en libertad, en una tierra, en una casa, con los suyos y si para eso se tiene que convertir en granjero y dejar las armas, pues las deja. Y el odio se transforma en ternura, algo que Lancaster siempre hace bien.

Massai está inspirado en un apache real, de carne y hueso, que siempre huyó de las reservas y luchó contra la ley que quería imponer el hombre blanco. El personaje real, como Burt en la película, también escapó de un tren que le llevaba a una reserva de Florida, y recorrió miles de kilómetros sin apenas comida para regresar a su tierra.

Como curiosidad comentar que ya estaba por ahí, en Apache, en papel secundario y sin su nombre artístico, Charles Bronson, uno de los secundarios de oro de los cincuenta y sesenta que más tarde se transformó en un tipo duro a lo Harry el sucio, con esa ideología de ojo por ojo, diente por diente y yo soy la ley porque me sale de los huevos y te callas o te pego un tiro porque yo decido lo que está bien y lo que está mal.

Frase cinéfila

Filed under: retratos y otras curiosidades on Sunday, November 2nd, 2008 by hildy | No Comments

“Bueno, nadie es perfecto.”

El millonario Osgood cuando Jerry le da mil y un motivos para no poder casarse con Daphne porque entre otras cosas…, es hombre. Es él mismo.

Con faldas y a lo loco

Qué pocas palabras, y cuánta verdad. Osgood es sabio. Nadie es perfecto, somos terriblemente humanos.

El paciente inglés de Michael Ondaatje (Punto de Lectura)

Filed under: escribir de cine on Saturday, November 1st, 2008 by hildy | No Comments

Hay lecturas que agradezco, que me llenan, que disfruto en cada momento que tengo tiempo y puedo quedar atrapada entre palabras y páginas…, una de esas lecturas mágicas que te hacen viajar lejos y ser partícipe de una historia ha sido sin duda El paciente inglés. 

Primero descubrí la película y ya me dejé llevar, ahora al leer la novela, entiendo cómo el fallecido Anthony Minghella se enamoró de estas páginas y cómo conocía la novela. Él escribió el guión, él la dirigió y consiguió una buena adaptación cinematográfica. 

La novela es rica en matices, en imágenes, en metáforas, en historias…, todo está relatado con una belleza que alcanza una prosa poética que te hace sentir los olores, los sabores, el tacto…, te traslada. 

Minghella se centró en el idilio, tremendamente hermoso, entre Almásy, el paciente inglés, y Katherine. Logra trasladar el universo impreso a la pantalla. Son muchas las opciones que podría haber tomado pero él se decantó por esa parte de la novela y creo una hermosa película. 

Se nota que Minghella había leído una y otra vez la novela de Ondaatje y la pena que le dio dejar a otros personajes poco esbozados…, pero no quiere quitarlos. Deja que estén en celuloide, no los desarrolla…, pero intuimos que detrás de cada uno hay una gran historia. 

Y, hoy he cerrado el libro y hoy tengo para mí la historia de esos personajes. En el libro, la enfermera Hana y Caravaggio cobran todo su sentido y el personaje menos dibujado en la película de Minghella, en la novela de Ondaatje cobra toda su fuerza, es la revelación de la narración, para mí el gran personaje: el zapador Kip. 

El retrato del zapador hindú que arriesga cada día su vida para desactivar un suelo minado ha sido para mí el gran descubrimiento de esta novela. Un personaje hermoso, complejo, sensible, profundamente humano y tierno, muy tierno. Y entiendo que Minghella quisiera hacerle aparecer…, aunque de una manera superficial.  

A mí me encanta la película y siempre intuía que detrás de Kip, Hana y Caravaggio había mucho más. Y he podido descubrirlo. Un privilegio. 

La novela es una serie de flash back, memorias y recuerdos que en cada página ponen una pieza más de una pintura, rompecabezas o puzzle incompleto hasta al final conseguir construir un mapa humano. Las imágenes de Ondaatje son evocadoras y no es difícil encontrarse en el desierto o en la villa italiana. 

A Kip me gustaría visitarle en su tienda y que me contara una historia o un pensamiento. Es tierno.

Relaciones cine y literatura…

Filed under: escribir de cine on Friday, October 31st, 2008 by hildy | No Comments

Marilyn Monroe se casó con el dramaturgo Arthur Miller.

Roald Dahl, sí, el de la fábrica de chocolate, se unió a Patricia Neal.

La desencanta Frances Farmer tuvo un idilio con el dramaturgo Cliford Odets.

El escritor y actor Sam Shepard no se separa de Jessica Lange.

Carlos Fuentes evoca su romance con Jean Serbeg.

Jean Cocteau era poeta, novelista, dramaturgo, pintor, crítico, cineasta… y se enamoró del actor Jean Marais, el de rostro griego y perfecto…

Lilliam Hellman y Dashiell Hammett vivieron enamorados, escribieron, y ambos dejaron su huella en guiones de cine. 

Hubo una época en que Vicente Blasco Ibánez era todo un escritor de best seller y su éxito llegó a Hollywood y sus obras fueron adaptadas…, y en alguna, Greta Garbo muda, consiguió su halo de muerje de destino fatal.

Por ahí hay un epistolario sobre le amor eterno que le profesaba Ernst Hemingway a Marlene Dietrich. 

A Hitchcock hubo algo de los relatos y novelas de Daphe du Maurier que hizo que recurriera a su obra en contadas ocasiones. Así ella no cayó en olvido. Al fin y al cabo es la autora de Rebeca.

Paulette Godard, primero musa de Charlot, se casó con el escritor alemán Erich Maria Remarque que ya había alcanzado la gloria en Sin novedad en el frente.

Barbra Streisand

Filed under: mil rostros en la oscuridad on Thursday, October 30th, 2008 by hildy | No Comments

Hoy me quedo mirando fijamente una fotografía que aparece en el artículo dedicado al recientemente desaparecido Paul Newman en el nuevo Fotogramas del mes de noviembre. Una imagen en la que aparecen cuatro actores carismáticos y progresistas cuando en 1969 constituyeron la productora First Artist: el propio Paul Newman, Steve McQueen, Sydney Poitier… y Barbra Streisand. Siempre fue una mujer de armas tomar. 

Entonces me vienen a la cabeza varias canciones y discos de vinilo que no me cansaba de escuchar allá por los años ochenta. La Streisand tiene muchas cosas que la hacen distinta y especial: una bonita voz, una nariz imperfecta, unos ojos azules vivos, unas preciosas manos —que siempre sabe enseñar— y una carrera cinematográfica… Los setenta tienen rostro de Barbra que supo emplear su talento y su personalidad carismática. En los ochenta le dio por dirigir y no salió mal parada. Su carrera cinematográfica es breve pero muy interesante donde brilló en el musical, en la comedia y también como heroína romántica. 

Su primer éxito cinematográfico llegó más tardíamente que su triunfal carrera como cantante pero arrasó…, como ya lo había hecho en su representación en Broadway. La actriz y cantante aparece en la pantalla con Funny Girl, 1968, sobre la historia de la cantante y cómica judía Fanny Brice. Entró al cine por la puerta grande y con oscar incluido. Streisand estaba deslumbrante como esa divertida patita fea que obtiene, con perseverancia, el éxito y se enamora de un bello jugador que la rompe una y otra vez el corazón con cara de Omar Shariff.  La Streisand siempre lo conseguía…, estallaban fuegos artificiales en su unión con distintos actores. Conseguía química. La joven Streisand demostró en su primera película que sabía cantar, sabía actuar y ser divertida. Todo un logro. Su secuela (Funny Lady, 1975) no supuso tanto éxito aunque es un placer volverse a encontrar con Fanny ahora acompañada por el locuelo de James Caan (¡qué bien hace de chuleta!)…, Omar sigue rompiéndola el corazón. 

Siguió en la senda del cine con dos musicales más: Hello, Dolly (1969) donde se convertía en una viuda casamentera o Vuelve a mi lado (1970) con una Streisand dispuesta a todo con tal de dejar el tabaco. La joven promesa trabaja con dos veteranos del género musical: Gene Kelly y Vicente Minnelli. 

En 1970 decide no cantar en el cine y sí hacer reír y protagoniza una entrañable y poco recordada película (que es en realidad la adaptación de una famosa obra teatral de Bill Manhoff) La gatita y el búho. Ella es una prostituta con muchas ganas de convertirse en una actriz famosa y él (brillante George Segal, de nuevo la química), un escritor al que no publican sus novelas. Ambos se ven unidos por una situación incómoda y a partir de ahí asistimos a los encuentros y desencuentros de dos seres muy distintos pero con algo que les une: su afán por no aceptar que han fracasado en sus sueños, su habilidad por pintarse otra personalidad y aparecer tal y como no son, su vulnerabilidad…, y la prostituta y el escritor terminan comprendiéndose y enamorándose de veras. 

A partir de este punto de inflexión en su carrera, Barbra es el rostro femenino de la nueva comedia de los setenta. Y ella que no es tonta recupera el prototipo de mujer progresista, locuela, inteligente, liberada y divertida de las screwball comedy de los años 30 y 40. Papeles con personalidad de una cabeza loca, inteligente y divertidísima como lo fueron Carole Lombard, Katherine Hepburn, Rosalind Russell o Barbara Stanwyck. Y nos deja dos obras de la diversión y el equívoco. Rozando el surrealismo (sobre todo la más desconocida). Por supuesto vuelve a conseguir química con sus compañeros de reparto: Ryan O’Neal y Michael Sarrazin. 

La primera de estas películas que protagonizó en 1972 es un claro homenaje a La fiera de mi niña y Barbra no sale mal parada, risa asegurada con esta loca de la vida que es Judy en ¿Qué me pasa doctor? Con O’Neal volvió a trabajar en otra comedia que no tuvo la misma repercusión, Combate de fondo (1979) 

La segunda comedia es todo un disparate Qué diablos pasa aquí, estrenada en 1974, donde Barbra es una joven esposa que quiere ayudar a conseguir sus sueños a su esposo, un joven taxista, y de pronto se mete en un lío y en otro y en otro más…, ¡ojo! al protagonismo de unos búfalos… 

También, en esta misma década se convierte en heroína romántica en dos películas que son nostalgia pura que además adereza con sus canciones. Y por supuesto se deja acompañar muy bien… ¡¡¡y como siempre con química!!! por Robert Redford y el atractivísimo y también cantante Kris Kristofferson. 

Con el primero sube a los cielos del cine romántico y al altar de los nostálgicos en Tal como éramos (1976) en una historia de amor a lo largo de los años (30, 40 y 60) entre Katie, idealista y con ideas políticas progresistas siempre deseando un mundo mejor y Hubbel, el niño bonito y pijo de la universidad, más individualista y práctico. De banda sonora, la voz de Barbra en uno de sus temas más recordados The way we were, ¿alguien da más? 

Con el segundo,  protagonizó todo un clásico que ya habían interpretado Janet Gaynor y Judy Garland, Ha nacido una estrella. La película de Barbra y Kris traslada la trama al mundo del rock and roll. Corre el año 1976, las drogas y el alcohol destruyen la trayectoria de un brillante cantante mientras su esposa va subiendo poco a poco hacia el estrellato. Buenas canciones, mucho amor y mucho dolor. Yo oigo Evergreen y me emociono. 

De pronto, llegan los ochenta, y si ya había sorprendido con su afán en el mundo de la producción, deja a todos boquiabiertos con Yentl (1983), sensible musical plagado de hermosas canciones, donde Barbra actúa, dirige, produce y escribe el guión. Ahí, la actriz y cantante es una muchacha judía, hija de un rabino, que quiere estudiar en un centro donde sólo les permiten acceso a los hombres y ni corta ni perezosa se disfraza y se convierte en uno para poder cumplir su sueño. Fue un éxito de crítica y público y, sin embargo, hoy está bastante olvidada. Como muchas películas de los ochenta. 

A partir de este momento sus apariciones empiezan a ser más esporádicas. Trabaja en un thriller que tiene cierta repercusión en el año 1987, Loca y en su última aparición ha vuelto a la comedia y a papel alocado de hippy psicóloga de toda la vida en Los padres de él (2004). 

Sin embargo, regresa de nuevo dos veces a la dirección con éxito en dos películas que funcionan. La primera como melodrama psicológico y la segunda como comedia romántica, de las de siempre. Y en ambas se reserva papel protagonista y lo borda. La primera sorpresa la da con un taquillazo que recupera además también a un Nick Nolte de capa caída ambos están magníficos en melodrama familiar donde una psicóloga trata de indagar en el pasado del hermano de una paciente y termina desvelando una terrible verdad y enamorándose de él.  ¿Recuerdan El príncipe de las mareas (1991)? 

En la segunda se une a mi adorado Jeff Bridges y se montan una película romántica de las de toda la vida, donde dos profesores universitarios se plantean que pueden estar juntos y bien avenidos sin sexo de por medio (porque el adorado Jeff piensa que las relaciones sexuales son las que hacen fallar a las parejas)…, pero ella empieza a pensar distinto. Y ahí tenemos la divertida El amor tiene dos caras que además nos plantea muchas cosas sobre las relaciones de pareja. Y como siempre Barbra y Jeff desprenden mucha pero que mucha química. 

¿Regresará a la pantalla?¿Volverá a dirigir? Ya tiene un hueco en las salas oscuras en la pantalla blanca…, pero quizá pueda darnos otra sorpresa.

El manantial (The Fountainhead, 1949) de King Vidor

Filed under: el viejo baúl de películas on Wednesday, October 29th, 2008 by hildy | No Comments

Ésta es de esas películas que tienen mil y una lecturas. Empecemos en plan laberinto a bailar entre interpretaciones.

Director de prestigio como King Vidor. Actores de la talla de Gary Cooper, Raymond Massey, Kent Smith o Robert Douglas. El descubrimiento de una nueva estrella del firmamento, la siempre interesante Patricia Neal. Música del maestro Max Steiner. Impecable uso de la escenografía y del blanco y negro.

Resultado: melodrama tórrido de finales de los cuarenta con variadas connotaciones sexuales.  Ésa puede ser una primera lectura. Un hermoso hombre encuentra una hermosa mujer (complicada mujer, todo hay que decirlo, yo a veces me pierdo con ella a profundidades que no entiendo) y desde su primera mirada saltan chispas. Pero el amor no es posible. Y entra el tercero en cuestión, un Raymond Massey (en un papel complejo pero bien resuelto, está fantástico) que no impide que se apague el amor entre ambos…, pero para más inri, Massey se convierte en el mejor amigo del hermoso hombre y se enamora profundamente de la hermosa mujer. Y para dar más rizo al rizo, la hermosa mujer y el hermoso hombre sienten enorme cariño hacia el tercero en cuestión. ¡¡¡Dios mío, Dios mío!!!

Destacar de esta primera lectura: ¡¡¡realmente hay una química increíble entre el viril Cooper (que hubiera estado mucho mejor en este papel a principios de los años treinta, vamos cuando conseguía que la mismísima Marlene Dietrich le siguiera por los siglos de los siglos por el desierto) y la joven y solida promesa cinematográfica, Patricia Neal.

Conclusión: cotilleo hollywoodiense la pasión traspasó la pantalla…, ambos ya estaban protagonizando tórrida historia que les descolocó por los siglos de los siglos, sobre todo a Neal.

Segunda lectura: el hermoso hombre es un arquitecto demasiado moderno e incomprendido por todos. Las obras arquitectónicas y cinematográficas del hermoso hombre se parecen bastante a las del arquitecto Frank Lloyd Wright. Tanta modernidad del artista que además no cede nunca a que se altere su obra original, le trae problemas. La genialidad no está bien vista. Y tiene enemigos por doquier. La gente no está preparada para su interpretación de los edificios. No casa con los gustos del momento. Y todo el mundo, prensa y opinión pública se abalanzan sobre él. Ya se lo avisó su compañero de estudios, que va con todas las modas y por eso obtiene prestigio y fama, cede y da lo que te piden. Pero el hombre hermoso es íntegro con lo que ama hacer y nunca cede hasta que poco a poco se va aceptando su estilo y su forma de entender los edificios. Nunca decaé. El hombre hermoso ve como se cargan su obra arquitectónica, su proyecto, y toma decisión drástica que le traerá problemas con la justicia. Pero él explica que es genial y que los genios siempre han sido incomprendidos, vilipendiados, perseguidos e insultados…, y entonces convence a un jurado que escucha su elaborado discurso.

Conclusión: El manantial puede ser una defensa a la genialidad y creatividad de los artistas que no deben dejarse llevar por modas o gustos de épocas e innovar sin cansancio. Y también una defensa a la integridad de la obra del artista, a que es una obra del creador y por lo tanto no tiene que ser modificada. Si se modifica, se atenta contra la libertad y creatividad del artista.

Tercera lectura: el cine es un medio de comunicación, un instrumento que puede transmitir ideas, conceptos, ideologías, pensamientos, propagandas, interpretaciones, puntos de vista…, y ésa es la razón por la que nació El manantial que no es más que la adaptación de una de las novelas  de la filósofa e ideóloga Ayn Rand. La mujer en cuestión huyó de la revolución bolchevique y su exilio la llevó a EEUU y allí entre otras cosas creo un sistema filosófico llamado el Objetivismo. Rand defendía el absoluto individualismo del ser humano, realizaba odas al egoísmo humano y miraba con muy buenos ojos al sistema capitalista (la intervención del Estado ni verla). Además, de hacer obras filosóficas quiso llevar su pensamiento a la ficción y se convirtió en autora de libros de ficción de éxito, uno de ellos El manantial. Cuando se compraron los derechos del libro para ponerlos en imágenes, ella se convirtió en guionista de su propia obra y no permitió que cambiaran ni una coma (aunque al parecer no se quedó muy satisfecha con el resultado).

Conclusión:… a entonces es la historia de un superhombre con un par de huevos que no se deja aplastar por la masa mediocre y por sus compañeros parásitos, que lucha sólo por él mismo y su obra y que le trae al pairo lo que le rodea, nadie tiene por qué intervenir en lo que hace. Porque todos opinión pública, masa, políticos…, todos son corruptos, todos buscan poder corrompido. Lo que pasa es que se cruza por su vida la mujer hermosa, pero que le entiende muy bien y le deja libre y para ello se casa con uno que se cree poderoso pero que no lo es, vamos que se ha dejado arrastrar por la corrupción, por los mediocres, y claro, cuando se encuentra ante un hombre íntegro, su manera de pensar cambia totalmente y se descubre para su horror parásito…, él sabe que el superhombre sólo tiene ojos para su mujer. Bueno, a lo mejor cojo y como soy un fracasado pues me aparto del camino. Y el viril, egoísta, íntegro como él solo, genial arquitecto será el que se lleve a la chica (que siempre ha sido algo complicada pero es que también es genial) y construirá para siempre edificios como le salga de los mismísimos y cuidadito con que alguien le toque las narices porque su edificio es su edificio y lo demás importa un huevo. Yo siempre íntegro. Íntegro. Y no se crean que los hombres que hacen que tenga una carrera, que construya como le sale de donde le salga, son curiosamente hombres muy ricos hechos a sí mismos, que saben lo que es ser genial y egoísta y le dejan construir y le ponen la pasta.

Diccionario cinematográfico (80)

Filed under: diccionario on Tuesday, October 28th, 2008 by hildy | No Comments

Enfermos terminales: y me viene a la cabeza Rémy, el protagonista de Las invasiones bárbaras, y cómo lloré con ese hombre cínico y lleno de vida que se ve postrado por un cáncer terminal y decide cómo quiere morir y cómo quiere despedirse de cada una de las personas importantes de su vida.

Entonces recuerdo a Ann, en Mi vida sin mí, y esa delicada lista que realiza de todas las cosas que desea antes de morir o esa cinta que graba para dejar todo bien atado, para siempre estar ahí. Y el silencio que guarda sobre su destino…

De pronto, visito a  Dimitri en ese centro de cuidados paliativos y cómo va aceptando que tiene que irse y cómo se da otra oportunidad para no irse cabreado y para querer y dar. Y entonces canta con esa voluntaria de rostro dulce, Suzanne, en un karaoke una canción que habla de la belleza de la vida, de cómo la cabeza me da vueltas como un tiovivo.

Y veo como esa joven alocada vive sus últimos momentos con tranquilidad y belleza, una amarga victoria es la que tiene Judith con los ojos de una Bette Davis de excepción.

Entonces regreso al viejo café donde la encantadora de abejas sufre porque su Ruth sabe se muere, que los ojos se le cierran, entonces su amiga enferma le pide que le cuente esa historia de los patos que se llevaron el lago…

Más y más curiosidades cinéfilas

Filed under: retratos y otras curiosidades on Monday, October 27th, 2008 by hildy | No Comments

Cómo te quedas si te cuento que Margo Channing, la inolvidable diva del teatro de Eva al desnudo, iba a tener el rostro de Claudette Colbert.

Y qué me dices si te digo que Bonnie era el sueño de Leslie Caron, que se quedó sin papel y sin novio…, Warren Beatty no veía a su amor con metralleta.

Gritaré y gritaré que de las muchas posibles Escarlatas O’Haras, yo me enamoré de las pruebas que dejó para la eternidad Paulette Godard.

¿Sabíais que era Julie Andrews la que imaginaba que iba a ser Liza en el musical My fair lady puesto era ella la que triunfaba en los escenarios?

¿Os imagináis la cara que se le quedó a Jessica Tandy cuando vio que todos sus compañeros de teatro conseguían su papel para la película de Un tranvía llamado deseo y que ella, Blanche, era la única que no conseguía el rol?

A Truman Capote le hubiese fascinado que su Holly, de Desayuno con diamantes, tuviera la cara de Marilyn Monroe…

Caleidoscopio de curiosidades cinéfilas

Filed under: retratos y otras curiosidades on Sunday, October 26th, 2008 by hildy | No Comments

No puedo evitarlo y es que siempre que programan en televisión La estanquera de Vallecas de Eloy de la Iglesia me quedo pegada a la pantalla porque me envuelve una infinita ternura hacia Leandro, Tocho, la estanquera –esa impagable jefa— y su inocente sobrina (con cara de Maribel Verdú). Y siempre me conmueve esa historia que transcurre en el madrileño barrio de Vallecas de dos delincuentes por necesidad pero lindos y sus dos víctimas que descubren a dos hombres sin suerte y entre los cuatro se entienden y hay un espíritu colectivo de gentes que se unen en periodos de necesidad. Deseas tanto que nadie sea duro con Tocho o que Leandro tenga un golpe de suerte. Quieres tanto que la estanquera y su sobrina les vaya bonito…

Y para mí aquí Eloy sabe llegar con cuatro intérpretes que se identifican plenamente con sus personajes: esa pedazo mujer que es Emma Penella (a cuántas abuelas y madres vemos reflejadas en su cuerpo enorme), Maribel Verdú (adolescente que se transforma), José Luis Gómez (con esas manos de trabajador, buena gente con mala suerte) o José Luis Manzano (el rubio de los rizos como esos jóvenes sin futuro, duros pero faltos de cariño con mala suerte por su perra vida…).

Y va ahí mi pequeño recuerdo para Tocho o José Luis Manzano, actor fetiche de Eloy de la Iglesia y modelo de aquellos jóvenes no profesionales que intervinieron en películas de los ochenta sobre delincuencia juvenil. Jóvenes que su vida se diferenciaba poco de lo que representaban en la ficción. A Manzano le vimos en Navajeros, en El pico o en Colegas. Y siempre nos partía el corazón. Murió en 1992 por sobredosis a los 27 años.

Moda y cine

Binomio inseparable. Hoy veo en el especial Belleza de El país semanal un reportaje de moda que se inspira en la replicante Rachel de esa maravillosa película que se llama Blade Runner.

Y entonces mi cabeza empieza a hilar. Este fin de semana he visto de nuevo Una cara con ángel, esa película de Donen donde vemos a una Audrey fantástica bailar junto a Fred Astaire. Y allí la actriz se convierte de bibliotecaria a modelo de alta costura en un París romántico. Astaire es una especie de Avedon (que fue asesor de fotografía en esta película) que obra el milagro con unas fotos y una estética maravillosa de una chica con ángel. Y recuerdo la unión de Audrey con Givenchy y cómo todos recordamos a la actriz con los atuendos del modisto que aún hoy no pasan de moda. Y me quedo con la imagen de esa chica con ángel que se mueve en el París bohemio toda vestida de negro, con pantalones pitillo…

También, anoche lei de nuevo un artículo sobre la revolución que supuso en 1967 Bonnie and Clyde en muchos aspectos pero también en el mundo de la moda. De pronto, la ropa de Warren y Faye se convirtieron en lo más. Y subieron en ventas las boinas de Bonnie.

Y sigo hilando e hilando y recuerdo como las camisetas interiores blancas de hombre se pusieron de moda y se subieron las ventas después de ver más bello que nunca a un Marlon Brando que en Un tranvía llamado deseo se cambia una y otra vez por el calor que hace. O como también, elevaron sus ventas, las camisetas interiores de tirantes, cuando Clark Gable lucía tan bien con ellas en Sucedió una noche.

Y así podría seguir, como siempre, de manera interminable.