Gondry sin Kaufman II
En efecto.
Gondry sin Kaufman ha dejado mucho que desear. Pero mucho más de lo que esperábamos que dejara.
Porque Gondry sin Kaufman no se ha limitado a hacer un mal guión, sino que osó emular a su guionista preferido e hizo un evidente mamarracho.
The science of sleep gira alrededor de una historia de amor que, de no tener ningún problema, se termina. Por partes: Gael García Bernal (hablando un horrible inglés, un horrible francés, contando chistes que le salen mal y no causan gracia, haciendo tristemente de -mal- presentador de sus propios sueños y siendo filmado de forma que se nota su metro cincuenta, con lo cual pierde su carácter de sex symbol para convertirse en un corchito sin gracia) se muda a un dpto en Francia. Enfrente vive Charlotte Gainsbourg (tan fea que le da verguenza ser filmada, y se nota), por cuya amiga -radicalmente más bonita- se interesa de inmediato el mexicano. Charlotte, después de un a charla de 10 minutos, se da cuenta y se pone triste, porque 10 minutos de charla con esos ojitos verdes fueron suficientes para enamorarse y sufrir por un alma tan tierna. De todos modos, Gael se enamora de ella al día siguiente en una de las escenas más patéticamente cursis de la historia del cine, donde los personajes parecen adolescentes sesentosos después de haber leído Rayuela, creyendo ser la maga y horacio. Así, cuando problemas no hay, se citan en algún lado y se desencuentran, ambos lloran, se odian, Gael se va a México, todos tristes, por un desencuentro. Porque uno esperaba en un lado y el otro en otro. Viviendo a 1 metro uno del otro, no pudieron charlarlo. Fin de la historia.
El guión más inverosímil y poco sostenido que dio el cine en mucho tiempo. Y lo peor, un guión que quiso imitar una genialidad como Eternal sunshine…
Pero si Gondry es un desastre como guionista (al punto de que no entiende la idea de causalidad en el cine narrativo), se redime como director. Hay que concedérselo. Si bien cada uno de sus planos responde a la mirada más cursi que un hombre pueda tener, no deja de ser, en algún punto, encantadora. Y si bien la fotografía no es el fuerte esta vez, sí se destaca el área de arte, y se nota la mano de Gondry.
Y una mención especial para los personajes (y las actuaciones) de los compañeros de trabajo de Gael, sobre todo para Alain Chabat como Guy, increíbles personaje y actor. Las escenas con este tipo justifican el film, que se pone aburrido cuando empieza seriamente (es decir, hegemónicamente) la historia de amor (que, como no tiene argumento, queda -felizmente- durante gran parte del film de lado, dejando que este personaje sostenga la película con escenas fabulosas).
Conclusión. Se recomienda verla. Verla significa verla. No oírla ni prestarle atención en cuanto aparece Charlotte y toda la cursilería. Verla y buscar toda la técnica necesaria para filmar un videoclip de la hostia.
