Rejtman y los otros
Si hay algo que falla en el cine argentino hoy en día son los personajes que gran parte de la camada de nuevos directores le robó a Martín Rejtman.
Personajes vacíos, solos, sin nada que hacer, nada que decir, ridículos, un poco estúpidos. El problema es que todos esos directores se tomaron estos personajes en serio, y los empezaron a reproducir como si fueran realistas, y andan diciendo incluso que se sienten identificados con ellos, mientras que Rejtman estaba trabajando con no-actores para que actuaran mal, y además llenaba a sus personajes de absurdos: estaba evidentemente rompiendo con el realismo.
Por otra parte, Rejtman los construía con compasión. Sus personajes son tristemente desopilantes, mientras los que pululan por el cine nacional son desopilantemente tristes.
En definitiva, mientras Martín Rejtman es un tipo interesantísimo, que creó un código para sus películas que funciona para hacer reír y pensar lo triste que somos -como argentinos- al mismo tiempo, los partícipes del nuevo cine argentino, encabezados por Ezequiel Acuña y seguidos por todos los egresados de la FUC, sólo reproducen ese código (que también viene de Jarmuch y esa bola, pero que se ancló acá con Rejtman e hizo estos estragos) pero acomodándolo al realismo, para hacer personajes imbéciles que aburren y hacen pensar lo triste que son -los directores, que no tienen drama en asumir sentirse identificados con ellos- al mismo tiempo.
Ver, entonces, Silvia Prieto, Los guantes mágicos.
No ver, bajo ningún punto de vista, Nadar solo, Como un avión estrellado, Tatuado, El amor (primera parte), etc., etc., etc (uno sabe por el arte de tapa que va a pasar esto, y puede evitar mirarlas, así que a la mayoría las evité).