Bergman, deja de torturarnos
Si en vida se encargó de que sus horribles películas fueran posta obligatoria para los tristes estudiantes, estudiosos o meros aficionados del cine, después de muerto Ingmar Bergman sigue caracterizándose por esa tendencia al sadismo que lo hizo famoso.
Es que el mundo de la internet se encargó de noticiarnos su muerte, y sólo los títulos desperdigados por ahí dejan mucho que desear. Parece que los periodistas, cuando tienen que avisarnos de la muerte de Bergman… bueno, se acuerdan de él. Y quieren ser poetas.
Entonces escriben titulares como éstos:
“Ingmar Bergman: adiós al escrutador del alma”
“Una muerte serena abrazó al notable cineasta Ingmar Bergman”
“La muerte le gana la última partida a Ingmar Bergman”
“El último silencio de Bergman”
“Muere el cineasta trascendente”
Pero por suerte siempre queda algún que otro conservador, aficionado en este caso a la prensa amarilla e hiperbólica, que nos regala una belleza como esta:
“Murió Ingmar Bergman, el director de cine más grande de la historia”
(todas las fuentes son reales. El que no me crea que busque en google)






