Las mil sonrisas de Lars Von Trier
Parece que Lars Von Trier está deprimido.
Parece que Lars Von Trier, después de maltratar y mandar a sesiones intensivas de psicoanálisis a Emily Watson, Bjork y Nicole Kidman, está deprimido.
Parece que Lars Von Trier, después de deprimir a todo el mundo (o a todos los snobs que lo miramos después de que hiciera un proyecto taaaaan interesante como el dogma) con películas que se caen de inverosímiles por tanta desgracia pululante y desbordante encadenada en secuencias infinitas de mala suerte que siempre atacan al personaje más inocente del universo ficcional después de mickey mouse, está sumamente deprimido.
Parece que Lars Von Trier, como en ninguna de esas clínicas donde se encierra para recuperarse de sus ataques lo dejan entrar con ninguna cámara (por más amateur que sea) por miedo a que haga Los idiotas 2 (cosa que nadie en el mundo querría ver), está más deprimido cuando sale que cuando entra.
Parece que Lars Von Trier, quien pensaba seguir deleitándonos (con todo el optimismo que un danés cuya madre le dice que su padre no es su padre momentos antes de morir, razón por la cual se convierte al catolicismo, puede tener) con un proyecto (Dimensión) que consistía en filmar segmentos de tres minutos de no sé qué cosa durante treinta años, está tan deprimido que el susodicho proyecto anda peligrando.
Mejor.