Crítica “Miguel y William”
Crítica escrita por Mónica Arranz (Colaboradora de cine.com)

SINOPSIS
LEONOR DE VIBERO, hija de un comerciante español instalado en Inglaterra, una mujer joven, curiosa, y apasionada por el teatro, debe abandonar Londres y regresar a Castilla para contraer matrimonio con un duque viudo y tan acaudalado como poderoso. LEONOR deja en Londres a un amante desolado, WILLIAM SHAKESPEARE, un prometedor autor de comedias al que gustan tanto los placeres de la carne como el aplauso del público.
Ya en España LEONOR conoce a Miguel de CERVANTES, antiguo soldado y literato que ha perdido la confianza en sí mismo y la fe en su talento. Ella le convence, usando su capacidad de seducción y entusiasmo, de que escriba una comedia para celebrar su matrimonio con el duque. Pero cuando Leonor empieza a romper las resistencias del autor, se presenta inesperadamente SHAKESPEARE, que ha decidido seguirla hasta España para impedir el matrimonio de su amada con el duque.
LEONOR, que hace pasar a SHAKESPEARE por un criado, ve la ocasión de unir el talento de los dos escritores y tener una obra única. CERVANTES aportará hondura y sabiduría, SHAKESPEARE el domino de los recursos teatrales y el humor. Pero el engaño no se mantiene mucho tiempo. Los autores descubren el pastel y se convierten en enemigos.
Pero justo cuando el inglés deja el palacio ocurre otra catástrofe. Las hijas del duque azuzan sus celos y le convencen de que LEONOR tiene un amante al que ha entregado una valiosa joya familiar, regalo de bodas del duque. El futuro marido demuestra ser un hombre colérico y vengativo que amenaza a LEONOR: si la joya no aparece, en lugar de boda habrá ejecución.
Para ayudar a Leonor y pese a la rivalidad y desconfianza que inicialmente sienten el uno hacia el otro, CERVANTES Y SHAKESPEARE acaban colaborando, unen pluma y espada y logran con más ingenio que batallas, arreglan el entuerto…. ¿o no?
CRÍTICA DE CINE.COM
Teniendo un guión tan original me esperaba más de esta película, donde no es hasta el final, cuando empieza el desenlace de la historia, que es entretenida. Ni siquiera unos excelentes actores como son, Elena Anaya, Juan Luís Galiardo, Josep Mª Pous, Malena Alterio y Will Kemp (en el papel de Shakeaspeare) consiguen avivar un guión más bien aburrido, que lo mejor que tiene es cuando en ciertos momentos nos introduce a William Shakeaspeare en la historia del Quijote. Para mí una verdadera decepción, de la directora Inés París, después de haber disfrutar tanto con sus dos anteriores películas, “A mi madre le gustan las mujeres” y “Semen, una historia de amor”. ¿Será que se le da mejor la dirección junto a Daniela Fejerman?
Puntuación de cine.com : ** sobre 5
FICHA TECNICA
| Directora | Inés París |
| Guión | Inés París (basado en una idea de Tirso Calero y Miguel Ángel Gómez) |
| Documentación Histórica | Eva Cruz |
| Producida por | Antonio Saura Juan Luis Galiardo |
| Productor Ejecutivo | Antonio Saura |
| Directora de producción | Alicia Tellería |
| Director de fotografía | Néstor Calvo |
| Montaje | Julia Juaniz |
| Dirección artística | Jon Bunker |
| Vestuario | Sonia Grande |
| Sonido | Alastair Widgery |
| Responsable de Comunicación | Warner Olivia Fernández |
| Jefatura de Prensa |
La Portería de Jorge Juan Trinidad Solano Nuria Díaz |
FICHA ARTÍSTICA
Elena Anaya (Leonor)
Juan Luis Galiardo (Miguel de Cervantes)
Will Kemp (William Shakespeare)
Geraldine Chaplin (La dueña)
Malena Aterio (Magdalena)
José María Pou (Duque de Obando)
LA DIRECTORA
Tras co-dirigir “A mi madre le gustan las mujeres”, y el reciente éxito “Semen, una historia de amor”, Inés París quiere seguir aportando su particular sentido de la comedia ligera a una película histórica. El material y las situaciones le permitirán trabajar alrededor de aspectos que le son muy afines: el amor, como conductor de las situaciones más inesperadas; el cambio de país y de vida; las relaciones de pareja no tradicionales, todo ello aderezado con las perfectas dosis de cultura, ingenio y humor
Inés París no es sólo una de las directoras de cine más prometedoras de España, sino además la única que toca igualmente la comedia y la tragedia. Antes de dirigir atesoró una importante experiencia como guionista de cine y televisión. Inés París hizo su tesis doctoral sobre el teatro barroco español, especializándose en Miguel de Cervantes.
FILMOGRAFÍA
Largometrajes
2005. “Semen, una historia de amor”, co-dirigido con Daniela Fejerman.
2002. “A mi madre le gustan las mujeres”, co-dirigido con Daniela Fejerman. Nominado al Goya a la Mejor Dirección Novel.
Cortometrajes
1999. “Vamos a dejarlo”, Co-dirigido con Daniela Fejerman
1997. “A mí quien me manda a meterme en esto”, Co-dirigido con Daniela Fejerman. Premio al Mejor Cortometraje en el Festival Internacional de Peñíscola Cinema de Comedia
MEMORIA DE LA DIRECTORA
“Miguel y William” es mi tercera película como directora y la primera en solitario. Desde la escritura hasta el mismo instante en el que redacto estas notas, ha sido una aventura vital y creativa, apasionante. Un proyecto de estas dimensiones –internacional y con un alto presupuesto– absorbe toda la energía, pensamiento y emociones de un director durante un largo periodo de tiempo. Durantes dos años yo he vivido en el siglo dieciséis, una experiencia impagable.
El origen de la película
Esta historia nació con una llamada de Antonio Saura, Juan Luis Galiardo y Eduardo Baura, los productores, que al otro lado del teléfono me preguntaba: ¿te gustaría hacer una película sobre un encuentro entre Cervantes y Shakespeare? Antonio, que me conoce hace tiempo, sabía que la propuesta iba a entusiasmarme. Yo estudié teatro durante años, trabajé como actriz y como ayudante de dirección en el teatro Español de Madrid, preparé una tesis doctoral sobre la importancia social de teatro en el barroco español… ¿cómo no iba a apasionarme la idea? Recordaba cuando, recién terminada la carrera de filosofía, pasaba horas en la Biblioteca Nacional investigando para la tesis y fantaseaba, en medio de tanta erudición, que lo que de verdad me apetecía era escribir con todo lo aprendido una obra de teatro. Veinte años después surgía la posibilidad de una película. Parecía el destino.
Dos genios
Desde el primer instante en que empecé a inventar la historia una pregunta se convirtió en central: ¿cómo debía imaginar a Cervantes y Shakespeare, esos dos “genios” de la literatura? ¿Rodeados de una especie de halo, un carisma, un no-sé-qué, que se percibía inmediatamente? ¿Inteligentísimos? ¿Extremadamente ocurrentes? ¿Una especie de superhombres, ángeles o demonios…? ¿dos monstruos? Me sentía en una trampa mortal. Todo guionista sabe que es imposible crear personajes que sean más inteligentes que el propio autor. Puedes imaginar y construir a alguien más guapo, más valiente, o más imbécil. Pero ¿cómo creas los diálogos de dos “genios”? ¿cómo imaginas qué les pasa en la cabeza? El problema estaba en la misma idea de genio, concepto al que di vueltas durante varios días. ¿Qué es realmente un genio aparte del de la lámpara, que es instantáneamente reconocible porque aparece flotando en el aire? Los genios de carne y hueso son una construcción social. Personas a los que por su obra y porque han tenido suerte (sus obras no se han perdido, no las ha destruido el inquisidor de turno, ni se las han comido los ratones antes de que alguien con poder, dinero, prestigio y buen gusto, las conozca y le fascinen) los siglos (normalmente cuando ellos ya han muerto) los han colocado en un pedestal. Ahora son figuras, mitos, gigantes, a los que se estudia en las universidades pero ¿y mientras estaban vivos? ¿No eran hombres o mujeres como nosotros, empeñados en crear algo, inseguros sobre lo que estaban haciendo, en la mayoría de los casos no reconocidos y muchas veces despreciados?
Esta reflexión es la que me decidió. En vez de escribir sobre Shakespeare y Cervantes yo iba a hacerlo sobre MIGUEL Y WILLIAM dos seres humanos con sus debilidades, temores, manías, inseguridades y eso sí, con el empeño de escribir y hacerlo lo mejor posible.
Humanizarlos no significaba olvidar que eran dos creadores. Y que se iban a “encontrar”. He trabajado durante muchos años en equipo y sé perfectamente lo que significa el encuentro de dos personalidades creativas. Los momentos más interesantes son aquellos de choque de sensibilidades, por eso necesitaba que Cervantes y Shakespeare (ahora Miguel y William) encarnasen dos extremos de la creación. No era difícil. Sabía que se llevaban unos veinte años, que Shakespeare (según algunos especialistas) había empezado escribiendo comedias, que Cervantes fue un autor al que costó años triunfar. Era fácil imaginar a uno vital, extrovertido, lleno de sentido del humor y al otro (el español) muy unamuniano, impregnado de un sentimiento trágico de la vida. William podría ser joven, aventurero, alocado y un hombre que odia el sufrimiento. Miguel un ser sensible y torturado, profundo, triste, inteligente. Cervantes podría aprender de Shakespeare a confiar en sí mismo, a disfrutar con la escritura, y usar la creación para burlarse del mundo. Shakespeare descubriría con Cervantes el dolor, la mirada crítica hacia lo real, el valor para hablar de la naturaleza trágica del hombre. El “contagio” de los dos autores debía plasmarse en sus obras. El encuentro con Shakespeare podría ser el germen de El Quijote (William tendría mucho de “loco” perdido en unas tierras que estaba descubriendo) Cervantes el inspirador de… ¿Hamlet? (un hombre lleno de dudas, incapacitado para la acción) ¿Otelo? ¿El rey Lear?

Una comedia
Sabía además que esta película DEBÍA SER UNA COMEDIA. Me parecía imprescindible por un motivo muy simple: una comedia te puede salvar de la pedantería y pretenciosidad, trampas en la que es fácil caer al hacer una película sobre dos figuras con una dimensión histórica y artística trascendente.
Lo cómico es además un género en el que siempre me he sentido cómoda. La visión irónica de la realidad, la trasgresión, la desdramatización de los problemas y el optimismo vital son mi naturaleza emocional e intelectual.
Me encanta hacer reír a los espectadores, ofrecerles un momento de relax y disfrute en las salas de cine, permitirles ver la vida de una manera positiva y esperanzada.
Además el tono cómico me parecía muy adecuado para hablar de dos autores que se caracterizan por su sentido del humor en gran parte de su obra literaria. Los dos supieron utilizar la emoción y la risa para trasmitir sus ideas, para hacer pensar y ver el mundo de forma crítica. Los dos fueron irrespetuosos con los poderes establecidos y los tabúes sociales. Los dos se burlaron del mundo y lo pusieron en cuestión para permitirnos imaginar otros mundos posibles.
Todo esto lo andaba meditando cuando me puse a investigar y descubrí un dato que me ayudó a poner en marcha el argumento: la “desaparición” de Shakespeare.
El “Misterio Shakespeare”
William Shakespeare es uno de los autores más misteriosos que han existido (si es que existió, premisa que muchos estudiosos ponen en cuestión ya que tiene un corpus teatral tan maravilloso y variado que parece imposible que fuera obra de un solo hombre). Entre los muchos puntos oscuros de su biografía hay uno especialmente sugerente. Entre 1587 y 1592 desapareció. Lo último que se sabe de él es que, estando ya instalado en Londres y habiendo empezado a ser conocido como autor de comedias, asistió al bautizo en Stratford-upon-avon de sus hijos gemelos, después…nada. Se volatilizo. Años después volvemos a oír hablar de un tal Shakespeare de nuevo viviendo y trabajando en Londres. En esta nueva etapa parece escribir sus grandes obras.
Me lancé a buscar que pasaba con Cervantes en estos años. Hacia 1590, el español no estaba en el mejor momento de su vida. Había peleado en Lepanto, perdido la movilidad de una mano por una arcabunazo, sufrido años de prisión, regresado a España y fracasado en sus primeros intentos de ser escritor. Trabajaba de recaudador de impuestos. Los siento por el pobre Cervantes, pero este desolador panorama me hizo saltar de alegría. Un hombre desaparecido y otro fracasado. Había historia.
La “Dama de los ojos negros”
¿Dónde demonios pudo ir Shakespeare durante los “años oscuros”? (Es el nombre que dan los eruditos a estos años perdidos) Lo que de él había leído –que su mujer, con la que se casó estando embarazada, era algo mayor que él; que cuando ya era padre de varias criaturas se largó a Londres donde tuvo varias amantes, que escribió sonetos de amor que pudieron dedicados a un hombre o a una mujer… –me condujo a pensar en una fuga por amor. Recordaba los sonetos de Shakespeare dedicados a una dama de ojos oscuros que le hace sufrir y a la que tacha casi de demonio. Era fácil imaginar al joven William, impulsivo y apasionado, corriendo detrás de una faldas. ¿Hasta dónde? Bueno, por motivos obvios de producción, hacía falta que tal carrera le trajese a España.
Ahora bien, para cruzar un mar, acercarse a tierras enemigas y soportar el sol de la llanura castellana por amor a una mujer, ella debía valer un potosí.
Para mí la protagonista era una mujer estupenda, merecedora del amor de dos genios (rivales en las letra y en el deseo) pero… atrapada en una sociedad donde las mujeres tenían pocas posibilidades de ser libres, decidir su destino y, sobre todo, de crear. Sin embargo yo la imaginaba con alma de artista, con una pasión que despertase el amor de los dos hombres más allá de la tracción por sus encantos físicos. Sin duda ella amaba el teatro. ¿Autora? Ya había dos y muy famosos. Actriz entonces. Una mujer que quería representar nunca podría hacerlo en Londres, donde los escenarios estaban vetados a las mujeres. Pero si en España. Vivía en Londres, conoció a Shakesperare y le enamoró. Pero ella se marcha, regresa a España, su país de origen ¿por voluntad propia? ¿en el siglo dieciséis? Imposible. Un matrimonio concertado era una propuesta más creíble. Y así empezó a nacer Leonor y a convertirse en la protagonista de la película. Habría dos genios pero la mujer era el centro de la historia. Ella más lista que los dos, sería el catalizador que los uniese. Su aventura vital el hilo conductor.
Una comedia de “Pluma y espada”
Siempre imaginé la película muy “teatral”, al modo de las comedias de capa y espada, pero protagonizada por dos escritores. Esto nos permitiría jugar con los arquetipos: unos malos poderosos y oscuros, mujeres disfrazadas de hombre, correrías por los pasillos de un castillo, duelos a espada. Pero, siendo una película sobre la creación artística, sobre la relación que entre lo vivido y lo inventado, lo importante no eran tanto las espadas como las plumas. El duelo de los autores, un duelo de talentos y la resolución de los conflictos tener lugar sobre un escenario. Los protagonistas no eran guerreros sino artistas y se trataba de mostrar como al final el arte, la capacidad de conmover y convencer, es más poderosa que cualquier arma.
Viaje a un paisaje inventado
Esta idea de teatralidad me hizo concebir la película desde sus orígenes como una “invención”. El regreso al siglo dieciséis debía tener algo de “viaje de ciencia ficción” hacía atrás. Lo que hoy sabemos de la época, a través de la pintura y la literatura, tienen mucho de convención. Los retratos de la época muestran el poder, la simbología, los atributos sociales de los retratados. No son “realistas” ni “verídicos”. ¿Por qué íbamos a estar obligados a serlo nosotros? Además la película jugaba con una fantasía absoluta desde el principio ¿y si Shakespeare hubiera venido a España? ¿Y si hubiera conocido a Cervantes? ¿Y si hubieran rivalizado por el amor de una mujer?
La idea de recreación desde hoy en día del siglo dieciséis la discutí y elaboré con aquellas personas del equipo que han sido claves en la realización de esta película (Néstor Calvo en la fotografía, Sonia Grande en el diseño de vestuario, Jon Bunker en la dirección artística, Carlos Saura Medrano como line producer). Trabajamos siempre en la idea de que la película debía ser muy contemporánea en su tratamiento visual y estético. Queríamos huir del retrato sombrío y trascendente de la “España negra”. Durante meses estudiamos la pintura de le época y nos detuvimos en los pintores flamencos cuyo tratamiento del color nos inspiró los tonos de la película. Estudiamos las películas que nos parecían buenas referencias como “La Kermesse heróica” de Jacques Feyder por su capacidad de dar un tono cómico y de enredo a una película de época; “Shakespeare in love” de John Madden como modelo de comedia romántica; “Los duelistas” de Ridley Scott con su utilización emocional de los paisajes y sus sencillos y efectivos combates y Sleepy Hollow de Tim Burton, por su tratamiento estético y fotográfico fantástico, no realista.
El rodaje
La concepción no realista, “de cuento”, que la película debía tener hacía evidente la necesidad de rodar todo lo posible en decorado. En el guión había un “patio” central de castillo donde se desarrollaba gran parte de la acción. Lo construimos en un enorme estudio donde nos resultaba posible controlar la luz, la climatología y los tiempos de rodaje.
Para hacer más creíble el decorado lo mezclamos con espacios “reales” filmados en varios castillos. El de Loarre, en Huesca, es el “exterior” de nuestro castillo. Lo elegí por estar aislado en lo alto de una montaña y ser un castillos sobrio, guerrero, medieval. Era el espacio simbólico que correspondía a un duque como Obando que de renacentista y cortesano no tenía nada. Las habitaciones de los protagonistas se rodaron cerca de Toledo, en Guadamur, un castillo que nos dio más de una sorpresa agradable (existía una habitación morisca como la descrita en el guión, las paredes tenía pintados unos lobos que se convirtieron el símbolo de Obando… )
Los paisajes que aparecen el la película fueron cuidadosamente elegidos para que no rompiesen el tono simbólico y fantástico del resto de la película. Son zonas de Castilla-La Mancha y todos muchos de ellos parajes cervantinos: Almagro, las lagunas de Riudera, los molinos del campo de Criptana.
Rodar una película de época significa desplazar un equipo amplio y complejo. Además de los actores y los técnicos habituales, viajábamos con las carrozas, los caballos y burros, la gente que cuidaba de los animales, los especialistas para las escenas de acción, los de efectos especiales… recuerdo con emoción lo que era llegar al amanecer al castillo de Loarre y ver la falda de la montaña sembrada de vehículos y personas que se ocupaban de que la fantasía se hiciese realidad. En momentos así es cuando uno se da cuenta de lo privilegiada y maravillosa que es esta profesión.
Aunque también sufrimos. El frío que hace en los castillos (a veces más en el interior que fuera) el polvo que levantaban los suelos sobre los que tenían que moverse los actores y desplazar la cámara, el humo de las innumerables velas que nos obligaba usar mascarillas y que teñía de negro los maravillosos maquillajes cerúleos de los actores, la incomodidad de los trajes de época, con corsés que cortaban el aliento a las actrices, los tiempos de espera para que todo estuviera listo y sobre todo, la dificultad de trabajar con animales: caballos que relinchan, que se encabritan y se “niegan” a pararse en las marcas, burros que se empeñan en tirar de un decorado hasta romperlo, cerdos que se lo comen o con los que sólo se puede hacer una toma porque mueren de un infarto si les haces correr varias veces…
Pero todo esto se supera con facilidad cuando tienes un equipo como el ha hecho esta película. Un equipo que mezclaba técnicos y artistas ingleses y españoles, enormemente profesional y unido por un proyecto en que creían y al que todos han sabido aportar lo mejor. Empezando por su entusiasmo y esfuerzo.
Sobre todo, los actores.
Los actores
Esta película tiene un reparto de lujo. El primer día que leímos el guión y pude escuchar a los actores, observarles, disfrutar con sus rostros y expresiones, atender a sus propuestas, pensé que un setenta por cierto de la película estaba hecho. La verdad es que si te equivocas con el casting no hay guión que sobreviva, ni fotografía, vestuario o música que salven el desaguisado.
ELENA ANAYA, es Leonor. Ella ha dado a este personaje una mirada entre inteligente e inocente, una mezcla de picardía y seriedad que ninguna otra actriz habría sabido crear porque son parte de su personalidad y le iban al personaje como anillo al dedo. Elena, aparte de su indiscutible belleza, es una actriz magnífica: perfeccionista, muy trabajadora y exigente. Ella crea desde la verdad y ha hecho un trabajo muy especial para que este personaje de comedia, con tantos cambios de estado de ánimo, con un pensamiento rápido y contradictorio, fuese siempre creado desde dentro. Leonor es creíble todo el tiempo, y por eso, en su confusión y en sus líos, es deliciosa. Todo eso es obra de Elena.
JUAN LUIS GALIARDO es Cervantes. Para él fue escrito el personaje y por eso en la película el autor es un poeta pero también un guerrero: un hombre que lleva dentro un titán encadenado. Juan Luis ha sabido sacar en esta película su lado más tierno y frágil. Mostrarnos a un hombre que no alcanza lo que desea, al que la inteligencia hace sufrir. Su experiencia en el cine de época y su apostura de galán hacen que le siente como a nadie el largo gabán de cuero, las altas botas y la espada al cinto. Es el primero al que creí cuando decía “mi señora” ya que su voz grave y profunda parece hecha para decir textos clásicos con la naturalidad de quien está más cómodo en esa época que en la nuestra
WILL KEMP es Shakespeare. Will fue seleccionado en un casting en Londres. Gracias a la suerte o la inspiración, no pude elegir mejor. Will tiene algo impagable como actor: es a la vez un galán y un actor cómico. Cuando mira a Leonor (o a cualquiera de las otras mujeres a las que conquista en la película) con sus ojos verdes y toda la pasión del mundo, te derrites, pero cuando se pone payaso y compadrea con los otros criados o le toma el pelo hasta al duque, te tronchas. Estoy convencida (y no soy la única) de que Will va a ser una gran estrella. Es de esos actores que, aparte de ser magnífico intérpretes, tienen algo más: un atractivo, una luz o un personalidad que haces que los eches de menos cuando no están en pantalla.
JOSE MARÍA POU es el duque. Nuestro Premio Nacional de Teatro ha hecho en esta película una creación insuperable. Su duque de Obando transita de lo cómico a lo trágico como solo lo saben hacer los maestros. Suyos son en la película varios de los momentos más graciosos y más terribles. Su composición es tal vez la más elaborada: ha soportado un maquillaje, una peluca y un vestuario que lo transforman en casi un monstruo. Pero su personalidad e inteligencia sobresalen por detrás de cualquier maquillaje en esos ojos oscuros e inquisitivos.
GERALDINE CHAPLIN es la dueña que acompaña a Leonor a España. Geraldine, esta vez en un registro cómico que se le ha visto pocas veces, ha creado una dueña más cómplice que autoritaria con su señora. El suyo es un personaje lleno de ironía y preocupación al mismo tiempo. Capaz de las mayores locuras para mantener un orden en el que ella misma no cree. En esta película la veréis hacer de todo, hasta ladrar, y todo lo hace mejor que bien.
MALENA ALTERIO es Magdalena, la hermana mala de la película. Malena se lo ha pasado estupendo dando cuerpo y expresión a una mujer reprimida y excesiva. Su Magdalena es una araña, una tarántula que teje su tela para atrapar a Leonor. Madre de dos arañitas minúsculas e idénticas entre si a las que su madre enseña a ser retorcidas como ella misma. Malena ha sabido construir una sorprendente versión cómica del mal.
MIRIAM GIOVANELLI es Consuelo, la hermana monja. Miriam, que tenía dieciséis años cuando rodamos la película, tiene la belleza y la mirada que necesitaba el personaje. Es una mezcla explosiva de niña y mujer capaz de conmover al más frío. Enfundada en su hábito azul y subida en unas plataformas que la convierten en una virgen en su altar, Miriam ha sabido trasmitir con economía de recursos, el mundo interno convulso y extravagante de su personaje, una especie de Ofelia nacida en tierras castellanas.
CAROLINA LAPAUSA Y JORGE CALVO son Juana y Sancho, los criados compadres y cómplices de Shakespeare. Los dos son unos estupendos actores que han dado vivacidad, espontaneidad y simpatía a los personajes más populares de la película.



